sábado, 23 de octubre de 2010

Uno de mis Articulos publicado en la edicion de Junio 2009 de la Revista "Maturin Actual"

Recientemente me tope con una amiga, que haciendo limpieza en su cuarto encontró una edicion del año pasado de la revista donde se publican mis articulos; me lo comentó agradecida, porque actualmente estaba viviendo una situacion familiar y el contenido del articulo le sirvio para resolver el conflico en casa. Motivada por ella, les comparto a ustedes, la razón de su agradecimiento. YHWH les bendiga!!!!
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Las relaciones de pareja siempre han sido y serán motivo de múltiples controversias, cuando estamos solteros y nos sentimos solos, añoramos la compañía de ese príncipe o princesa de nuestros sueños pero cuando vivimos en pareja y vemos que algo no funciona, quisiéramos tener el poder de retroceder el tiempo y regresar a nuestra época de soltería, creyendo qué el problema radica en aquella persona qué escogimos y que ahora motivados por la decepción, parece ya no gustarnos.

Esta y otros situaciones, tales cómo lo referente a la infidelidad, el divorcio, el matrimonio, los hijos en la pareja o fuera de ella, la estabilidad emocional al presentarse una ruptura matrimonial, la soltería, el abandono por parte de los padres, en fin, todo lo que involucra nuestro interactuar como miembros de una familia, bien sea, la que decidimos formar o la que nos recibe al nacer; ha sido desde siempre, el punto principal de nuestra existencia. Con muy pequeñas variantes, la situación ha sido la misma a lo largo de la historia de la humanidad, entendiendo que definitivamente la familia, más que ser el núcleo de la sociedad, es el universo paralelo donde se forja todo lo qué nos determina como seres humanos. Por ello nos preguntamos…
¿Qué es lo que esta pasando, qué en pleno siglo XXI, con tanta tecnología, avances científicos, planetas descubiertos y mucho más, ese núcleo qué en una oportunidad marcaba el eje de lo qué somos, en vez de evolucionar conjuntamente con los tiempo, va en picada y se resquebraja más cada día?

Ciertamente hemos puesto más interés en conquistar el mundo exterior, qué lo que internamente nos constituye; hemos luchado por establecer imperios y potencias que dominen a otros bajo el ejercicio de la presión, a través de conflictos e inútiles discusiones en búsqueda de vagas razones, paradójicamente buscando lo que al parecer ya tenemos..
¿Si tengo la razón, por que entonces debo pelear por ella si se supone que ya es mía?;

Hemos acallado el espíritu de lo moral por creerlo cursi y fuera de época, como si fuese un trapo movido por la moda sin entender, qué precisamente ese espíritu, es la brújula que nos orienta en el camino; hemos distorsionado los valores y puesto de lado entre ellos los familiares, sustituyéndolos por los económicos, estableciendo así, los qué aparentemente entendemos como sociales; somos participes de esta sociedad, que definitivamente se desarraigo de su núcleo y qué ahora llama lo malo, bueno y se hace eco de luchas por supuestos derechos humanos que van en contra de principios divinos, principios otorgados directamente por Dios, el mismo Dios que creo la familia y nos hizo a su imagen y semejanza….
¿Si aborrezco lo que Dios me enseño, no estaría aborreciéndole a él mismo? ¿Si reniego su semejanza en mi, entonces a Quién quiero parecerme?

Han pasado miles de años desde qué la primera familia de la historia humana, tomara sus primeras decisiones y a pesar del siglo en el que estamos, las cosas no han cambiado, siguen siendo nuestras decisiones las proveedoras de consecuencias nefastas para la sociedad; por nuestro errado concepto de libre albedrío hemos provisto al mundo de hambre, dolor, abandono, guerras, soledad y decidía, esta ultima ha provocado desde corrupciones políticas, hasta el calentamiento global y ciertamente sigue siendo la decidía y nuestra apatía mayormente la espiritual, la que no nos permite ver qué separados de Dios nada podemos hacer.

Hemos transformado la libertad en libertinaje, nuestra arrogancia nos ha impulsado a ser devotos al humanismo a través de la mal denominada: Nueva Era, la cual se remonta a miles de años atrás, siendo su primer representante la antigua serpiente, enseñándonos que Dios esta dentro de cada hombre y no fuera, que por tanto somos dioses y siendo nosotros dioses q necesidad tendremos de un Salvador?.

Cada uno va en busca de lo propio, argumentando filosofías vanas de humana interpretación, el éxito lo medimos a través de ganancias y posesiones económicas, aún quienes se escudan en la fe han mercadeado con eso, hoy por hoy a ultrajes de Dios y de su palabra se han desarrollado emporios millonarios; la espiritualidad se ha transformado en espiritismo hundiéndonos en rituales, baños, talismanes, amuletos, estampitas, ceremonias, santería, ocultismo, patronos, nosticismo, nueva era y mucho más, dejando aflorar nuestra necedad qué no es más que ateismo, porque si decimos creer en Dios, pero ignoramos su palabra (la biblia) donde dice claramente qué todas esas cosas son hechicería y por tanto de él no proceden, bien podemos reconocer qué al practicarlas somos Ateos y más aún invalidamos la obra redentora de su hijo, como nuestro único y suficiente Salvador, convirtiéndonos así, en anticristos.

La pregunta es: Preferimos seguir tropezando contra la misma piedra, sin entender que la piedra, somos nosotros mismos ó le ponemos un alto a nuestra ignorancia en Pro de rescatar nuestra verdadera esencia, la de nuestra familia y por añadidura la de nuestra sociedad?
Los cambios suceden solo cuando alguien los provoca, pero para provocarlos, es preciso comenzar en lo interior a fin de impactar en lo exterior; despertar del embotamiento espiritual que no me permite concientizar mi entorno pero para ello, debo hacerlo desde el núcleo, desde donde se forjan las primeras directrices que me determinan como ser humano, haciéndome parte activa de una sociedad que clama ser rescatada y reinsertada nuevamente, en el corazón de quien la formó.

Ese núcleo es y seguirá siendo la familia, pero solo arraigada, en el corazón de Dios y no en el nuestro podrá cumplir el propósito para lo cual fue formada.
Tu y yo somos ese propósito pero separados de Dios, nada podemos hacer; tengamos cuidado de no despreciarle no sea que en nuestro intento, terminemos repitiendo la historia que tanto daño ha hecho a la humanidad, a cambio de saborear una simple manzana.